miércoles, 23 de noviembre de 2011

Free Falling

Era el día. Después de muchos días de entrenamiento, de teoría y  práctica, estaba preparada. Todavía recordaba el primer día, y la sensación que  tuvo al ver por primera vez a su instructor. Recordaba claramente como apenas le dio la mano para saludarla sintió como la calentura comenzaba a cosquillear entre sus piernas,  como durante los días que le llevo sacarse el certificado del curso de parapente no perdía el chance de hacerle ver que le parecía atractivo. Darle un picón de vez en cuando, morderse los labios furtivamente como quien no quiere la cosa cuando el posaba su mirada en ella y forzando cualquier oportunidad para hacer contacto físico. Especial fue aquella vez que le correspondió volar acompañada por el en el biplaza. Se divirtió de lo lindo forzando su cuerpo contra el de él lo más que podía solo para provocarle una erección. A pesar del arnés y todo lo que había entre ellos, ella podía sentir su dureza...Ese vuelo no pudo dejar de sonreír, tenía al instructor en la palma de sus manos.

Pero hoy era un día especial, hoy ella iba a volar sola por primera vez. Nada de vuelos a baja altura, nada de tener a alguien más consigo (por más que la compañía fuese muy buena). Hoy, iban a ser solo ella y la inmensidad del cielo. Un cielo hermoso, completamente despejado y de un azul celeste similar al color de sus ojos. Hoy estaba feliz y nada le cambiaría el humor.
Se preparó para el despegue, asegurando su arnés, checando por segunda vez su parapente, anotando en su aparato de medición los datos del viento, fijándose en las baterías de la radio y fumándose un último cigarro. Andaba algo asustada, por más confianza que se tenía, estar allí sola por primera vez no era poca cosa, el instructor se le acerco y comenzó a darle consejos de última hora, ella solo asentía (nada de lo que él le decía era algo que ella ya no supiera) y le cayó la boca poniéndole un dedo en sus labios mientras le daba una sonrisa pícara -descuida bebe, estoy lista. ¡Comencemos!- le dijo. Ya quería ser un pájaro...O al menos sentirse como uno de ellos.

Ya completamente lista comenzó a dar la pequeña  carrera hacia el risco de donde despegaría, los suspentes comenzaron a tensarse y el ala del parapente comenzó a levantarse majestuosamente por el aire, tal como si fuesen las plumas de un pavo real. De hecho, el color del parapente le recordaba a dicha ave, quizás era por eso era que siempre lo elegía para volar.

Dio el último paso en tierra firme y vio como sus dos pies comenzaban a elevarse, dejando atrás el cumulo de tierra para tener de piso la nada, el viento en su cara le hizo entrecerrar los ojos por un segundo. Estaba volando sola, y la sensación era genial. El frio de la altura la revitalizaba y le daba sentido a su vida, abajo, los pequeños puntos verdes de los árboles y las líneas azules que formaban los riachuelos le recordaban la verdadera condición humana; Somos pequeños actores de una gran inmensidad, pero eso no era excusa para levantar vuelo y pasar por encima de los obstáculos, ella, tan hermosa y filosófica como siempre, se había dado cuenta. Si tan solo los demás supieran esa verdad, pensaba, mientras comenzaba a girar con sus comandos hacia la ruta de vuelo previamente trazada.

Tardo unos minutos en darse cuenta que desde la radio el instructor quería decirle algo, así que solo se limitó a responderle un par de "si, si", la verdad es que quería sentirse sola allí arriba, abrazada ella y el cielo, sin ningún tipo de interferencia, especialmente si esta provenía de una chirriante radio que le cortaba toda la nota. ¡Si jode! se dijo, y apago el bendito aparato, cortando en seco las palabras casi inentendibles del instructor. Estaba bueno y seguramente pronto le daría luz verde para que hiciera con su cuerpo lo que él quisiera, pero ahorita, justo ahorita no quería saber de nadie...El cielo comenzaba poco a poco a volverse gris, quizás sería buena idea comenzar el trayecto de regreso -pensó-, pero descarto esa idea, no pasa nada, se dijo.

El ala del parapente comenzó a bambolear su arnés, de repente cayo en cuenta de la velocidad y fuerza del viento. El idilio con el aire se había perdido, y de golpe cayo en la realidad del asunto. El viento comenzaba a arreciar, y el cielo estaba lleno de nubes. Como pudo haber pasado de un azul tan cristalino a un gris revoltoso tan rápido era algo que no dejaba de preguntarse. Pero el tiempo de hacerse pregunta ya había pasado, y lo que quedaba era maniobrar esa bestia alada, ese pavo real gigante que era movido por ráfagas de viento que le golpeaban la cara, asustada, intentaba recordar el procedimiento a realizar en una situación así, pero era inútil, no recordaba nada, o no podía recordar, pues su mente estaba muy ocupada en hacer que sus brazos intentaran (en vano) controlar los comandos del parapente. En un acto de desespero, soltó una mano de los frenos para prender de nuevo la radio, sin embargo, el acto de soltar tan vital comando la dejo a merced de una ráfaga traicionera, que hizo que la bestia alada diera un par de vueltas descontroladas, dañando la tela reforzada del pavo real, lo cual la mando en picada hacia el suelo, que cada vez se hacía más nítido y más real...Voy a morir, pensó, a su vez que intentaba llevar de alguna manera el destino de sus alas hacia una zona llena de árboles, con la intención que amortiguaran, de ser posible, la inevitable caída. Con un último esfuerzo jalo hacia abajo ambos frenos al segundo que sus pies comenzaban a rozar la copa de los árboles, cerró los ojos y se preparó para lo peor, sintiendo en su cuerpo como las ramas comenzaban a golpearla, hasta que de repente un golpe seco en su cabeza...

Volvía a tener 8 años, tenía puesta su capa hecha con una toalla, y daba vueltas con sus brazos estirados hacia el frente, como superman. ¡Abuela quiero aprender a volar! le gritaba a su abuela, sentada a lo lejos en su silla mecedora, algún día mi niña, algún día sabrás lo que se siente volar, todavía estas muy chiquita para eso -le decía la abuela mientras sonreía al verla dando vueltas y haciendo sonidos de avión por el patio-. Abuela, me duele la cabeza, le dijo mientras se tomaba la cabeza y veía sus manos ensangrentadas...Abuela tengo sueño -descuida mi niña, respondía la abuela, todo pasara-. Abuela quiero dormir, déjame dormir, dejam...

6 comentarios:

  1. Muy a gusto lo he leído con una muyyy buena canción de fondo. El final, bastante inesperado, triste... vamos que me gustan los cuentos con final feliz jaja...

    y como siempre que leo algo, y adoro encontrar frases y a veces intento aprendermelas, me quedo con esta:

    "Somos pequeños actores de una gran inmensidad"

    ResponderEliminar
  2. Me he dado cuenta que nunca mis cuentos tienen finales felices...pero me propongo a escribir uno que termine bien, por ti señorita granaina ;) jajajaja.

    ResponderEliminar
  3. haha jaja quizá es tu marca, pero si, si, intenta buscar ese final que pinte sonrisas :)

    ResponderEliminar
  4. DESPUES DE TOMARME UN RICO CHOCOLATE CALIENTE PARA ESTE FRIO.... NO HABIA ESCUCHADO NUNCA ESTA ROLEISHON.... NO ES RARO EN MI JUAJUA.. Y COMO MI PARTE INTELECTUAL SE QUEDO EN LA CHAMBA JAJA

    LO UNICO INTELIGENTE QUE ME QUEDA POR DECIR,ESQUE OPINO LO MISMO QUE LA DAMA DE ARRIBA JAJAAJAJAJAJA

    (COMO LES QUEDO EL OJO?) (QUE ASTUTO ME VI) JUAJUAJAUAJUAAUAJAUA

    ResponderEliminar
  5. El comentario de Luz Electri-K me parece muy acertado xD

    ResponderEliminar

Conta